Cualquier relato serio de Palestina debe comenzar mucho antes del siglo XX. La tierra que los palestinos llaman hogar ha estado habitada de forma continua durante miles de años. Comprender esta historia profunda es esencial para rechazar el mito colonial de que Palestina era una tierra vacía o descuidada que esperaba el asentamiento moderno.
La civilización cananea y la Edad del Bronce
En la Edad del Bronce, la región formaba parte de la esfera cultural cananea más amplia. Ciudades-estado como Megiddo, Hazor, Gezer y más tarde Jerusalén desarrollaron sociedades complejas con vínculos comerciales a través del Mediterráneo oriental.
Los filisteos y las ciudades costeras
En la llanura costera sur, las ciudades filisteas —Gaza, Ascalón, Asdod, Ecrón y Gat— florecieron en la Edad del Hierro. Estas comunidades interactuaron con, y finalmente se fusionaron en, la población más amplia de la tierra.
La continuidad a través de los imperios
Los dominios asirio, babilonio, persa, helenístico y romano trajeron cambios administrativos y nuevas élites. Sin embargo, la mayoría rural y muchas familias urbanas permanecieron. La conversión al cristianismo bajo los bizantinos, y más tarde al islam tras las conquistas árabes del siglo VII, transformó la identidad religiosa sin borrar la población subyacente.
Por qué la historia antigua importa hoy
Los relatos coloniales a menudo comienzan la historia en 1880 o 1917, como si la tierra no tuviera dueños previos. La historiografía palestina insiste en empezar antes: las personas expulsadas en 1948 eran descendientes de quienes habían vivido en las mismas aldeas durante siglos. Las raíces antiguas de Palestina son el fundamento del derecho a permanecer y del derecho de retorno.