Desde 1516 hasta el final de la Primera Guerra Mundial, Palestina formó parte del Imperio otomano. Estos cuatro siglos configuraron el paisaje social, económico y administrativo que más tarde encontrarían —y transformarían sistemáticamente— los colonos sionistas y los funcionarios británicos.
La realidad administrativa
La Palestina otomana estaba organizada en distritos (sanjaks) centrados en ciudades como Jerusalén, Nablus, Acre y Gaza. La población era abrumadoramente de habla árabe. Los musulmanes formaban la gran mayoría.
La tierra y la sociedad
La mayor parte de la tierra se poseía bajo diversas formas de tenencia. Las familias campesinas cultivaban las mismas parcelas durante generaciones. El Código de Tierras de 1858 y las reformas Tanzimat comenzaron a formalizar la propiedad de maneras que más tarde facilitaron las compras de tierra a gran escala por parte de organizaciones sionistas.
El surgimiento de la identidad palestina
Aunque los súbditos otomanos se identificaban con la religión, la localidad y el mundo árabe más amplio, un sentido distintivamente palestino del lugar y del destino compartido ya era visible a finales del período otomano.